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Ciencia · Salud

Luz roja: para qué sirve de verdad y para qué es marketing

La fototerapia está de moda y las lámparas se venden solas. La evidencia dice que funciona para cosas muy concretas, y muy poco para casi todo lo demás.

Busca «luz roja» y encontrarás de todo: que rejuvenece la piel, que quema grasa, que dormirás mejor, que te da energía, que cura casi cualquier cosa. Detrás hay una técnica real con nombre serio (fotobiomodulación) y decenas de aparatos a la venta. La pregunta útil no es si «funciona», sino para qué sí y para qué no.

La fotobiomodulación usa luz roja (unos 630-700 nanómetros) e infrarrojo cercano (unos 780-1.100 nanómetros), con LED o láser de baja potencia. Tiene evidencia clínica sólida en unos pocos usos concretos, y muy poca en casi todo lo que promete la publicidad. Aquí separamos una cosa de la otra, sin vender nada.

Donde sí hay evidencia

Las revisiones clínicas recientes la respaldan con más fuerza en dos usos: la cicatrización de heridas y úlceras, y la mucositis (las llagas en la boca que provocan la quimio y la radioterapia), que es probablemente su indicación mejor documentada. En acné y rejuvenecimiento cutáneo los resultados son prometedores, con un matiz que casi nunca se cuenta: el ensayo de referencia (Goldberg y Russell, 2006, veinticuatro pacientes) no probó luz roja sola, sino luz azul de 415 nanómetros alternada con roja de 633. Como la fotobiomodulación se define por el rojo y el infrarrojo cercano, ese resultado no se le puede atribuir entero. La evidencia es más desigual y los protocolos están menos estandarizados, así que conviene no venderla como cerrada. También hay respaldo razonable en alopecia y resultados positivos en algunos ensayos sobre dolor articular y muscular, ahí con evidencia claramente más limitada.

Donde está sobrevendida

El salto del «sirve para la piel» al «sirve para todo» es puro marketing. Los usos genéricos de bienestar (quemar grasa, «detox», energía) no tienen respaldo sólido, y conviene distinguir dentro del saco: en 2010 la FDA autorizó por la vía De Novo un láser de baja potencia para contorno corporal, así que «ninguna evidencia» sería falso. Ahora bien, una autorización regulatoria no es lo mismo que una revisión sistemática que demuestre que funciona, y para «detox» y «energía» no hay ni una cosa ni la otra. Y cuidado con las cifras redondas que circulan en los blogs que venden lámparas («reduce la inflamación un 38%», «tres veces mejor que el placebo»): no están bien sostenidas, y alguna atribuye a revistas de prestigio cosas que no dicen.

Gráfico 1

¿Sirve o no? Nivel de evidencia por uso

Grado de evidencia clínica de la fotobiomodulación (luz roja / infrarrojo cercano), uso por uso.

Nivel de evidencia por uso — luz roja / infrarrojo cercano
Uso Evidencia Tipo de luz Nota
Cicatrización de heridas y úlceras Sólida Roja/NIR LED o láser de baja potencia
Mucositis (quimio/radioterapia) Sólida Roja/NIR Uno de los usos mejor respaldados
Acné y rejuvenecimiento cutáneo Moderada Azul 415nm + roja 633nm, combinadas El ensayo de referencia alterna los dos colores; no es luz roja sola
Alopecia Moderada Roja/NIR Resultados positivos, menos consistentes
Dolor articular y muscular Limitada NIR 780-1.100nm Positivo en algunos ensayos
«Quemar grasa» / detox / energía Muy limitada Láser de baja potencia La FDA autorizó un aparato de contorno corporal en 2010; «detox» y «energía», sin respaldo
Luz de noche para dormir Limitada (uso distinto) Roja/ámbar, ambiente Extrapolación: sin fuente circadiana en esta ficha

Fuente: JAAD 2024 (revisión CME de fotobiomodulación); IJMS/MDPI 2024. Dos filas se apoyan además en fuentes propias: la de acné, en Goldberg y Russell 2006 (PMID 16766484), que alterna azul de 415 nm y roja de 633; la de «quemar grasa», en el expediente De Novo DEN090008 de la FDA, del 24 de agosto de 2010, que es una autorización de comercialización y no una prueba de eficacia.

El uso que casi tiene base: la luz de la noche

Hay un uso que no sale en las revisiones médicas de fototerapia y que conviene mirar aparte: la luz de casa por la noche. Nuestro reloj interno se guía por la luz que entra por los ojos, y la luz azul (la de las pantallas y muchas bombillas LED, con su pico hacia los 460-480 nanómetros) es la que más frena la melatonina, la hormona que prepara el sueño. La luz roja o ámbar, por su longitud de onda, debería afectarla mucho menos, pero los dos estudios canónicos no llegaron a medirla: es una extrapolación razonable, no un dato medido. Por eso, cambiar en las últimas horas del día las luces duras y azuladas por una lámpara de luz roja, suave, no es un tratamiento: es, sencillamente, no sabotear tu propio descanso. Yo mismo cambié la lámpara del salón por una de estas hace un tiempo, y es la misma lógica: no cura nada, solo deja de estorbar. Ojo con la distinción: esto es luz ambiente, no una dosis clínica ni un panel de «terapia» para la piel.

Gráfico 2

Supresión de melatonina según el color de la luz

Sin cifras: los porcentajes que había aquí no tenían fuente. Lo que se sostiene es el orden, no la magnitud.

Gráfico retirado. Aquí había tres barras con la supresión de melatonina por color de luz: azul 100%, verde/blanca 55%, roja/ámbar 15%. Esos porcentajes no salen de ninguna fuente identificable, y el pie remitía a una ficha que no contiene ni un solo trabajo sobre ritmo circadiano. Los dos estudios canónicos del campo (Brainard y Thapan, los dos de 2001) no publican porcentajes por color y no midieron luz roja ni ámbar: sus rangos terminan en 600 y 548 nanómetros. Dibujar la barra roja era inventarla. Se retira entera y el hueco queda declarado. Y con la barra se cae parte de la conclusión: el texto de aquí arriba decía que el rojo y el ámbar «apenas» afectan a la melatonina, y eso no lo mide nada de esta ficha. Ahora va dicho como lo que es, una extrapolación, y la fila de la tabla baja de «Sólida» a «Limitada».

Lo que separa una cosa de la otra

Hay una diferencia enorme entre un uso clínico (un dispositivo médico, con una dosis y unos parámetros medidos, aplicado para una indicación concreta) y un gadget de consumo que promete todo y no precisa nada. Si te planteas comprar uno, la pregunta no es «¿funciona la luz roja?», sino «¿para mi problema concreto, y a qué dosis?».

La luz roja no es un timo ni un milagro: es una herramienta con usos reales y estrechos que la moda ha estirado hasta lo absurdo. Saber para qué sirve es, también, saber para qué no.
Ficha de fuentes
  1. Journal of the American Academy of Dermatology (2024), revisión CME de fotobiomodulación — primaria/revisión.
  2. Revisión en IJMS (MDPI, 2024) — primaria/revisión.
  3. Goldberg DJ, Russell BA, «Combination blue (415 nm) and red (633 nm) LED phototherapy in the treatment of mild to severe acne vulgaris», J Cosmet Laser Ther 2006;8(2):71-75, PMID 16766484. Veinticuatro pacientes. Es el ensayo de la fila de acné, y alterna los dos colores.
  4. FDA, base de datos De Novo, expediente DEN090008 (número 510(k) asociado K082609): «fat reducing low level laser», Erchonia ML Scanner, decisión granted del 24 de agosto de 2010, regulación 878.5400. Es una autorización de comercialización, no una demostración de eficacia.
  5. Hueco declarado. Se ha retirado el Gráfico 2 (supresión de melatonina por color): sus tres porcentajes no tenían fuente y esta ficha no contiene ningún trabajo sobre ritmo circadiano. Brainard 2001 y Thapan 2001, los estudios canónicos, no publican cifras por color ni midieron rojo ni ámbar.
  6. Página comercial de referencia sobre lámparas de luz roja, usada solo como contexto de mercado, sin intención promocional.